Los últimos cien años han visto la introducción de ruido antropogénico en el medio marino a una escala nunca experimentada a lo largo de los 10 millones de años de evolución que cuenta el orden moderno de los cetáceos. No cabe duda, por lo tanto, que en la última etapa de su historia, las ballenas, cachalotes y delfines no han desarrollado todavía (si es que pueden lograrlo algún día) la capacidad de adaptar su sistema de audición a fuentes sonoras importantes cuyo impacto se desconoce en la funcionalidad de sus sistemas vitales.

Las fuentes de contaminación acústica marina producidas por las actividades humanas incluyen:

  • el transporte marítimo,
  • la exploración y producción en alta mar (offshore) de gas y petróleo,
  • los sónares militares e industriales,
  • las fuentes de acústica experimental,
  • las cargas explosivas submarinas, militares o civiles,
  • las actividades de ingeniería y el ruido de aviones supersónicos.

Estas fuentes sonoras se introducen en el espacio acústico y físico de los organismos marinos y no existen actualmente niveles de referencia que permitan prever los consecuencias negativas de estas interacciones a corto, medio o largo plazo sobre el equilibrio natural de los océanos.

A pesar de que se ha podido demostrar algunos de los efectos de estas fuentes en términos de reacciones de huida y otros cambios de comportamiento, ha sido muy difícil determinar si el ruido producido por el hombre induce efectivamente la muerte. Sin embargo, esta situación ha cambiado recientemente con la asociación del varamiento en masa de varias especies de cetáceos, particularmente de la familia de los zifios, con el uso de sonar militar. Evidencias anatómicas indican que tales fuentes acústicas pueden causar lesiones en los órganos de recepción acústica, suficientemente graves para ser letales. Se sospecha que estas mismas fuentes pueden producir lesiones agudas inducidas físicamente o derivadas de cambios de comportamiento que conducirían los animales a varar y morir. De confirmarse esta sospecha, esto añadiría otro elemento a nuestra incapacidad de predicción para determinar que tipo de fuentes sonoras se tienen que considerar peligrosas para los mamíferos marinos. Actualmente, no se entiende del todo en que condiciones o circunstancias la exposición a sonidos de alta intensidad pueden causar lesiones irreversibles.

Muchos factores pueden, potencialmente, estar involucrados en estos procesos: el nivel de fuente del sonido, su transmisión a través del agua, la posición del animal en la columna de agua, su comportamiento y estado fisiológico, así como efectos sinergéticos, incluidos cualquiera lesión física crónica.

Todos pueden jugar un papel, pero se desconocen los parámetros básicos del mecanismo de impacto que permitirían controlar los efectos negativos de esta contaminación acústica y posteriormente legislar sobre la introducción de fuentes sonoras artificiales en el medio marino.

A la luz de esta incertidumbre, el Consejo Superior de la Sociedad Europea de Cetáceos (European Cetacean Society), sociedad que agrupa a los 500 científicos europeos que dedican sus investigaciones a la biología de los cetáceos, a través de un comunicado oficial que concluía el 17 congreso internacional de esta sociedad celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en marzo de 2003 bajo el tema principal Marine Mammals and Sound considera que:

  • se necesita de forma urgente una investigación sobre los efectos de la contaminación acústica humana en el mar que se debe de conducir bajo los mas altos estándares de credibilidad científica, evitando los conflictos de intereses.
  • se deben de desarrollar e implementar lo antes posible unas medidas de mitigación no intrusivas.
  • se tendría que limitar el uso de fuentes sonoras submarinas potentes hasta que se conozcan los efectos a corto, medio y largo plazo sobre los mamíferos marinos y evitar este uso en áreas de concentración de estas especies.
  • se debe de desarrollar unos instrumentos legislativos que permitan ayudar a implementar las políticas europeas y nacionales en materia de control de la contaminación acústica marina.

Esta son las cuestiones fundamentales que los científicos, con el apoyo imprescindible de la sociedad, deben de contestar en un corto plazo si no se quiere que el desarrollo de las actividades humanas en el mar resulte sinónimo de pérdida irreversible del equilibrio marino natural.